Tras su exitosa versión en Santiago donde convocó a más de 6 mil personas, la fiesta textil llegará el 13 de septiembre a la zona para ofrecer una oportunidad única a los visitantes de conocer la diversidad del arte del tejer en esta inédita versión que busca relevar los saberes textiles en el desierto.
En su treceava versión y bajo el nombre “Tejiendo de Norte a Sur”, el Festival de la Lana 2026 llegará por primera vez a San Pedro de Atacama con el objetivo de relevar el patrimonio textil del norte del país. La jornada que será la antesala de las tradicionales celebraciones de Fiestas Patrias, abrirá sus puertas a una fiesta textil con entrada liberada que invita a la comunidad y turistas, a sumergirse en el mundo de los hilos y el tejido a través de una programación diversa y abierta a todo público.
En este encuentro, financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (FONDART), Convocatoria 2025 y apoyado por la Fundación ONA y la Fundación de Cultura de San Pedro de Atacama, contará con una feria de 20 stands y la participación de expositores provenientes de distintos puntos del país, donde los asistentes podrán conocer y adquirir productos textiles basados en las distintas técnicas tradicionales y contemporáneas que preservan la diversidad de nuestro país en torno a este patrimonio.
La jornada se realizará el domingo 13 de septiembre a partir de las 11:00 horas en la plaza de San Pedro de Atacama, donde los visitantes, podrán disfrutar de manera gratuita de la riqueza textil de nuestro país, para continuar con diversas actividades que incluyen concursos de tejeduría, el arte de las danzas circulares, taller de cordonería andina, demostraciones de hilado en Huso en fibra de alpaca y lana de oveja, además de conversatorios sobre ritualidad y Textilería Andina, entre otros atractivos, para culminar a la jornada a las 18:00 horas.
La sustentabilidad y el origen natural como sello
En el marco de su espíritu sustentable y promotor del patrimonio textil de cada lugar, el Festival de la Lana llevó a cabo un riguroso proceso de selección de expositores a nivel nacional donde el requisito principal fue que los postulantes trabajen 100% con fibras animales (oveja, llama, alpaca) como materia prima. A ello se sumó la integración de propuestas clásicas, tradicionales, innovadoras y de excelente factura para este gran encuentro que se vivirá próximamente en San Pedro de Atacama.
Un festival que sigue creciendo
Tras el éxito de la XIII edición realizada en abril en Santiago, que convocó a más de 6 mil personas, el Festival de la Lana consolida este 2026 como un año de expansión territorial.
Desde su creación en 2012, se había desarrollado exclusivamente en Santiago -salvo por las ediciones 2013, 2015 y 2017 que se hicieron en Trelew, en la Patagonia argentina-. Ahora la ruta del arte textil continuará en septiembre por San Pedro de Atacama para posteriormente trasladarse a Coyhaique en la región de Aysén (4 y 5 de diciembre), convocando a agrupaciones que desde sus comunidades han hecho de la tejeduría, un patrimonio único, sustentable y con historia.
Andrea Borrero, fundadora y directora del Festival El Festival de la Lana explicó la relevancia de este evento y sello patrimonial:
“Estoy muy emocionada tejiendo este primer encuentro en San Pedro de Atacama, donde hay raíces profundas de un saber milenario que reafirma que la artesanía textil está viva y en movimiento, y qué en esta jornada del Festival en el norte de nuestro país, nos nutrirá a todos con sus bellos colores uniendo a nuestras comunidades textiles de norte a sur y abrazando la diversidad de nuestras tradiciones en una experiencia única en el desierto”.
Por su parte, Ana Lagos, co-directora del Festival comentó la importancia de que el Festival de la Lana se expanda también a regiones: “El crecimiento y expansión del Festival de la Lana, que hoy llega a San Pedro de Atacama en el norte de Chile, es reflejo del fortalecimiento de una comunidad textil compuesta de saberes y oficios que son parte importante de nuestra cultura, arte y patrimonio. Queremos que el Festival de la lana, sea un espacio cada vez más nutritivo para la comunidad de artesanos y artistas textiles de diversos territorios, donde se compartan, difundan y perpetúen estos conocimientos”.
Desde las organizaciones que apoyan activamente este festival como aliados estratégicos en promover el patrimonio textil local y en general del norte de nuestro país, Macarena Peña, fundadora y Directora Ejecutiva de Fundación ONA, se refirió a la relevancia de esta alianza colaborativa y su expansión: “Esta alianza viene a consolidar un vínculo que tenemos con el Festival de la Lana y sus organizadores hace ya varios años. Por lo tanto, para nosotros es un orgullo poder aportar y ayudar en esta nueva etapa que están viviendo, de poder realizar el festival en distintas regiones de Chile. Por otro lado, el festival en San Pedro de Atacama viene, de alguna manera, a incentivar y apoyar a la artesanía en distintas regiones, ampliando el perfil de los artesanos y artesanas que viven en contextos rurales más apartados, y por lo tanto, el festival empieza a dar una mayor cobertura social, territorial y cultural”.
Desde la Fundación de Cultura San Pedro de Atacama, el Director Ejecutivo, Rubén Reyes, enfatizó en el valor que tiene la lana en el tiempo y a través de distintas generaciones: “Antes, la producción de la lana era nuestra vestimenta y del diario vivir como un elemento primordial. Hoy, recuperar estos oficios ancestrales y trabajarlos, es de suma importancia porque con todo lo que implica la globalización y el uso de máquinas, se ha ido invisibilizando el valor de la artesanía y todo el proceso que implica cortar la materia prima, tejer a mano y todo lo relacionado a este oficio ancestral. Entonces, llevar adelante este festival, es para nosotros un granito más de arena que otorga la relevancia que le estamos dando a nuestra artesanía y a nuestros tejidos de lana”.
Programación San Pedro de Atacama – Domingo 13 de septiembre
11:00 a 18:00 Hrs. Abierto a público
Lugar: Plaza San Pedro de Atacama
Entrada: Gratuita y abierta a todo público
Más información en:
Instagram: @festivaldelalana
Es un ícono cultural que combina historia, arte y naturaleza. Sus construcciones de adobe y piedra son la puerta de entrada a las maravillas del altiplano. La iglesia de San Pedro, con retablos coloniales, y el cementerio con vistas espectaculares, reflejan la historia y diversidad cultural. El Pukará de Quitor simboliza la resistencia atacameña.
A 2,800 metros, combina historia y naturaleza con viviendas de adobe y piedra. La iglesia de San Roque, del siglo XVIII, y el cementerio con vistas al Salar de Atacama son espacios de reflexión y conexión con tradiciones funerarias. Peine también es ideal para descubrir misterios arqueológicos y paisajes naturales, destacando la agricultura en terrazas y la producción de quinua.
En el paisaje andino, presenta terrazas agrícolas que desafían la aridez del altiplano. Las construcciones de piedra volcánica y adobe reflejan la adaptación ingeniosa de sus habitantes. La iglesia de San Bartolomé, con retablos coloniales, y el cementerio con vistas panorámicas destacan la conexión con el entorno. Socaire es un punto de partida para explorar el Salar de Atacama.
Un pintoresco pueblo con construcciones de adobe y techos de paja, destaca por su iglesia del siglo XIX con arte sacro y un cementerio a 3,800 metros de altitud, adornado con flores y objetos personales. Rodeado de montañas, ofrece paisajes espectaculares y rutas de senderismo. Sus festividades, como la fiesta patronal de San Antonio, reflejan la rica tradición y fe de la comunidad.
A 4,200 metros, Talabre ofrece vistas majestuosas del volcán Lascar y otros picos andinos. Sus tradiciones agrícolas y pastoriles perduran en un entorno desafiante. La capilla local es el centro de la comunidad, y las rutas hacia los campos de lava del volcán Lascar atraen a los aventureros.
Con sus construcciones de piedra liparita, transforma un entorno árido en un oasis agrícola. La iglesia de San Lucas y el cementerio elevado son emblemáticos del pueblo. La producción de vino artesanal y la Vendimia muestran la conexión de Toconao con la tierra. El Valle de Jere resalta la riqueza agrícola en contraste con el desierto circundante.
A 3,900 metros, es un pequeño poblado donde piedra volcánica y adobe se combinan en viviendas duraderas. Rodeado de cactus y formaciones rocosas, el pueblo mantiene ritos ancestrales. Su capilla sencilla y el cementerio pequeño honran a los difuntos, y las festividades celebran la conexión con la naturaleza desértica.
Situado a 3,800 metros de altitud, Matancilla muestra la adaptabilidad humana con sus construcciones de adobe y piedra. Las técnicas ancestrales en viviendas con techos de caña y barro reflejan la capacidad de sus habitantes para prosperar. Este pueblo, centro agrícola y espiritual, conserva tradiciones vivas en su capilla y cementerio.
Un bastión agrícola en un paisaje árido, ha evolucionado a lo largo de los siglos. Las construcciones de piedra y adobe con techos de paja resisten el tiempo, y la iglesia local, uno de los templos más antiguos, refleja la arquitectura colonial del siglo XVIII. El cementerio en la colina y el río que cruza el pueblo son vitales para la comunidad y sus campos.
A 4,000 metros sobre el nivel del mar, Machuca destaca por su arquitectura de adobe y techos de paja de ichu, preservando las tradiciones ancestrales. Este enclave andino, fundamental en las rutas de pastoreo y comercio atacameñas, es famoso por su legado cultural. La iglesia de San Santiago del siglo XIX y el cementerio con vistas al altiplano narran la resistencia de la comunidad a lo largo del tiempo.