Con un hall de Biblioteca Regional de Antofagasta repleto de artistas, gestores culturales y representantes de agrupaciones y espacios culturales, se realizó la tradicional ceremonia de entrega de los Premios Regionales a las Artes, las Culturas y el Patrimonio “Linterna de Papel 2025”, que reconoció a tres personalidades pertenecientes a las provincias de la región, entre los que se destaca Feliciana Tito Tito, cultora y artesana de San Pedro de Atacama.
En la ocasión, los y la premiada recibieron el galardón “Linterna de Papel”, obra artística confeccionada por la artesana Alicia Magna, con el cual se concreta el reconocimiento que permite destacar la contribución mediante sus obras, al desarrollo artístico, cultural y patrimonial de la región de Antofagasta, premio que también consideró la entrega por única vez de $4.000.000 a cada ganador y ganadora.
Durante la jornada, la seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Carla Julio Oyola, explicó que “este concurso, es el resultado de muchos años de reconocimiento a distintos artistas de nuestra región. Es un premio que se instaura en honor a nuestro poeta y escritor, Andrés Sabella, desde el año 2012 y que reconoce a personas que contribuyen desde distintos ámbitos, en torno a las Culturas, las Artes y a los Patrimonios. Es sin duda una fiesta, también una celebración para reconocer a las personas en vida, así que muy contentos de la convocatoria que hemos tenido”.
La autoridad regional de las Culturas, destacó también los factores que determinaron cada una de las distinciones. “Hay atributos importantes como la trayectoria que tienen. Recordar que este es un premio que se entrega a personas que tengan un mínimo de 20 años de trabajo sostenido en el tiempo. Entonces, estamos hablando de tres personas que permiten que nuestra región salga y también podamos valorar lo que tenemos”, agregó.
Sobre el Premio “Linterna de Papel”, las tres personalidades reconocidas este 2025 manifestaron su satisfacción y agradecimiento. Feliciana Tito Tito, manifestó que “primera vez que estoy recibiendo esto, por lo que para mí es mucha alegría, mucho amor y mucho cariño, que nunca esperé estas cosas, pero ahora estoy acá. Estoy muy feliz porque nunca me ha pasado esto y felicito a todas las personas que hicieron esto posible; estoy muy agradecida”.
Feliciana Tito Tito, de la comuna de San Pedro de Atacama, es una mujer Lickanantay cuya trayectoria encarna el profundo valor de los saberes ancestrales y el compromiso con la preservación cultural de su territorio. Su labor ha sido fundamental en el rescate y la transmisión de la memoria viva en torno a la artesanía en arcilla de la localidad de Río Grande, donde ha sabido conservar técnicas tradicionales que dialogan con la historia y el alma de su pueblo. Reconocida también como yerbatera y médica tradicional, la Sra. Tito Tito ha compartido generosamente su conocimiento a través de numerosos talleres vinculados a la tierra, la salud natural y la cosmovisión indígena.
La ceremonia de premiación contó también con la destacada presentación del cuarteto de cuerdas de la Orquesta Sinfónica Juvenil “Territorio Vivo”, conformado por Lisset Reyes, Agustín Lagos, Alonso Maturana, Gael Bown y Thomas Cabello, bajo la dirección de Franco Toledo.
Es un ícono cultural que combina historia, arte y naturaleza. Sus construcciones de adobe y piedra son la puerta de entrada a las maravillas del altiplano. La iglesia de San Pedro, con retablos coloniales, y el cementerio con vistas espectaculares, reflejan la historia y diversidad cultural. El Pukará de Quitor simboliza la resistencia atacameña.
A 2,800 metros, combina historia y naturaleza con viviendas de adobe y piedra. La iglesia de San Roque, del siglo XVIII, y el cementerio con vistas al Salar de Atacama son espacios de reflexión y conexión con tradiciones funerarias. Peine también es ideal para descubrir misterios arqueológicos y paisajes naturales, destacando la agricultura en terrazas y la producción de quinua.
En el paisaje andino, presenta terrazas agrícolas que desafían la aridez del altiplano. Las construcciones de piedra volcánica y adobe reflejan la adaptación ingeniosa de sus habitantes. La iglesia de San Bartolomé, con retablos coloniales, y el cementerio con vistas panorámicas destacan la conexión con el entorno. Socaire es un punto de partida para explorar el Salar de Atacama.
Un pintoresco pueblo con construcciones de adobe y techos de paja, destaca por su iglesia del siglo XIX con arte sacro y un cementerio a 3,800 metros de altitud, adornado con flores y objetos personales. Rodeado de montañas, ofrece paisajes espectaculares y rutas de senderismo. Sus festividades, como la fiesta patronal de San Antonio, reflejan la rica tradición y fe de la comunidad.
A 4,200 metros, Talabre ofrece vistas majestuosas del volcán Lascar y otros picos andinos. Sus tradiciones agrícolas y pastoriles perduran en un entorno desafiante. La capilla local es el centro de la comunidad, y las rutas hacia los campos de lava del volcán Lascar atraen a los aventureros.
Con sus construcciones de piedra liparita, transforma un entorno árido en un oasis agrícola. La iglesia de San Lucas y el cementerio elevado son emblemáticos del pueblo. La producción de vino artesanal y la Vendimia muestran la conexión de Toconao con la tierra. El Valle de Jere resalta la riqueza agrícola en contraste con el desierto circundante.
A 3,900 metros, es un pequeño poblado donde piedra volcánica y adobe se combinan en viviendas duraderas. Rodeado de cactus y formaciones rocosas, el pueblo mantiene ritos ancestrales. Su capilla sencilla y el cementerio pequeño honran a los difuntos, y las festividades celebran la conexión con la naturaleza desértica.
Situado a 3,800 metros de altitud, Matancilla muestra la adaptabilidad humana con sus construcciones de adobe y piedra. Las técnicas ancestrales en viviendas con techos de caña y barro reflejan la capacidad de sus habitantes para prosperar. Este pueblo, centro agrícola y espiritual, conserva tradiciones vivas en su capilla y cementerio.
Un bastión agrícola en un paisaje árido, ha evolucionado a lo largo de los siglos. Las construcciones de piedra y adobe con techos de paja resisten el tiempo, y la iglesia local, uno de los templos más antiguos, refleja la arquitectura colonial del siglo XVIII. El cementerio en la colina y el río que cruza el pueblo son vitales para la comunidad y sus campos.
A 4,000 metros sobre el nivel del mar, Machuca destaca por su arquitectura de adobe y techos de paja de ichu, preservando las tradiciones ancestrales. Este enclave andino, fundamental en las rutas de pastoreo y comercio atacameñas, es famoso por su legado cultural. La iglesia de San Santiago del siglo XIX y el cementerio con vistas al altiplano narran la resistencia de la comunidad a lo largo del tiempo.